El señor Llaxacóndor Moreno responde a las acusaciones en el caso de ¡Yo acuso!
Querido Alberto,
Tú me estás pagando mal.
1. Sí, he trabajado en negro. Pero omites un hecho esencial: jamás fue para mí una elección libre, sino una condición impuesta por la propia industria.
Cuando comprobé, en mi primer empleo como repartidor, que me era imposible obtener un contrato legal, decidí abandonarlo precisamente por respeto a la legalidad.
Más adelante, habiendo trabajado numerosas horas extraordinarias sin cotizar y siendo incapaz de conseguir que dichas horas fueran reconocidas legalmente, he decidido suspender mi actividad hostelera.
He aceptado durante un tiempo las condiciones de este sector para poder conocerlo. Y es precisamente después de conocerlo cuando he decidido apartarme de él.
2. Sí, en ocasiones puntuales he sido descuidado con los alimentos. Pero incluso el propio texto reconoce que tales actos no han sido constantes. No lo han sido.
Jamás he servido comida insalubre con mala voluntad ni con desprecio hacia nadie. Las escasas veces en que algo semejante pudo ocurrir fueron accidentes aislados, no una práctica deliberada.
De hecho, durante años he sido especialmente estricto con el cuidado de las materias primas y las condiciones higiénicas de mi lugar de trabajo, hasta el punto de enfrentarme y discutir con compañeros por ello.
Si alguna vez he sido descuidado, ello constituye la excepción y no la regla; una falta accidental, no una conducta habitual.
3. No, no he guardado silencio cuando debía hablar. Esa afirmación es sencillamente falsa.
Siempre he señalado entre mis compañeros aquello que consideraba incorrecto, he solicitado a mis superiores los cambios que juzgaba necesarios y he denunciado ante las autoridades aquellas situaciones que consideré abusivas.
No existe libertad sin responsabilidad. Y precisamente por sentido de responsabilidad he actuado, dentro de mis posibilidades, cada vez que he considerado que algo debía corregirse.
Lo que aquí se pretende construir no es una descripción fiel de mi conducta, sino un relato deliberadamente deformado de ella.
Se me presenta como alguien negligente, indiferente o complaciente con prácticas que, en numerosas ocasiones, he criticado, rechazado y combatido.
Existen incluso reconocimientos públicos a mi labor y profesionalidad, incompatibles con la imagen de negligencia sistemática que se intenta proyectar sobre mi persona.
Por ello rechazo estas acusaciones, no porque me considere perfecto, sino porque me niego a aceptar una versión falseada de mis actos y de mis intenciones.
Un cordial saludo,
Alberto Llaxacóndor Moreno.
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