El elefante en la habitación (III)
Quizá usted, señor Llaxacóndor Moreno, no lo sepa, pero hace ya más de cinco años que trabajo en la hostelería. Para ser exactos, fue el veintisiete de enero de dos mil veintiuno, el día en que firmé mi primer contrato de trabajo. Por aquel entonces me desbordaba la ilusión, motivado por el ejemplo de Don Wakas. Deseaba convertirme en el mejor cocinero habido y por haber sobre la faz de la tierra. Aún conservo esa ilusión. Esa ilusión es tan poderosa que me ha permitido vivir cómodamente de la hostelería todos estos años y me permite mirarme al espejo todos los días con cierto orgullo y admiración por lo logrado. Ahora, este modo de vida, que tan rápidamente llegó y nos mantuvo, se esfuma ante mis ojos. Se esfuma no de manera clara y ordenada, dejando una salida próspera, sino caótica. ¿A qué nos vamos a dedicar? ¿Qué trabajo nos va a mantener? Fracasados todos los intentos de obtener una educación superior y ante mi negativa de dedicarnos al negocio familiar —por lo menos por ahora—, ¿qué vamos a hacer? Entiendo y comparto los motivos por los que se va a desligar de la actividad hostelera, pero ¿comprende el alcance de sus acciones?
What About No?
No, I do not wish to leave the hospitality sector yet. We are not ready for such a change, even though we may desire it. The necessary conditions for a real transition have not yet been met.
A New Beginning
Although finding a new job can be stressful, the data is on our side. According to the Bureau of Labor Statistics (BLS), most jobs do not require a bachelor’s degree. This pattern is likely similar around the globe. There is no reason to be afraid.
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